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Catalán

Vivir a Fondo

 

Material semanal para la oración y la reflexión a partir del evangelio de cada domingo.

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Aquesta paràbola està a continuació de la que vam llegir diumenge passat: la dels dos fills, el que es nega a obeir l’ordre del pare d’anar a treballar a la vinya, però després se’n penedeix i hi va, i el que se seguida diu que sí, però després no hi va. La d’avui té un context més dramàtic, i sona a “comiat profètic” que Jesús adreça al poble escollit, però que no ha volgut respondre a les atencions de Déu. Jesús s’ha comportat com a l’enviat del pare de la paràbola: ve a cridar a tothom, també els impurs; ve a convidar-los al banquet de la fraternitat sense fi. Però els nets, els “legals”, se senten preferits, i és normal que vulguin oposar-se al seu camí. Jesús insisteix, continua amb el seu projecte,  amb la seva pujada a Jerusalem, fins i tot sospitant que allí el rebuig serà total.

Pensem avui seriosament en les paraules finals de l’evangeli: “Per això, us dic que us serà pres el Regne de Déu i serà donat a un poble que el faci fructificar”.


¿Accepto la persona i la paraula de Jesús amb totes les conseqüències? ¿O em conformo amb ser “legal”, amb complir?

¿Sóc conscient que els “fruits” que em demana Jesús són insuficients si no em deixo transformar per Ell?

Del Salmo 79

Dios del universo, renuévanos,

haz que veamos la claridad de tu mirada

y seremos salvados.

Soy parte, Señor, del pueblo escogido que tiene que hacer fructificar tu Reino,

del pueblo que cuidas, por el que te desvives y en el que confías...

Y no siempre respondo a tu confianza,

no siempre acepto tu persona con todas las consecuencias.

Ahora me pongo en tu presencia,

te pido que me perdones,

que acepte que me vayas transformando,

que acepte tu persona y que no me aleje de ti...

Haz, Señor, que valore el Reino y que ayude a que fructifique.

LEO LA PALABRA

Mt 21,33-43

En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo: «Oíd otra parábola: Un hacendado plantó una viña, la cercó con una valla, cavó en ella un lagar, edificó una torre para guardarla, la arrendó a unos viñadores y se fue de viaje. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, mandó sus criados a los viñadores para recibir su parte. Pero los viñadores agarraron a los criados, y a uno le pegaron, a otro lo mataron y a otro lo apedrearon. Mandó de nuevo otros criados, más que antes, e hicieron con ellos lo mismo. Finalmente les mandó a su hijo diciendo: Respetarán a mi hijo. Pero los viñadores, al ver al hijo, se dijeron: Éste es el heredero. Matémoslo y nos quedaremos con su herencia. Lo agarraron, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos viñadores?». Le dijeron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros viñadores que le paguen los frutos a su tiempo». Jesús les dijo: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; esto ha sido obra del Señor, una maravilla a nuestros ojos?» «Pues bien, os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios para dárselo a un pueblo que pague sus frutos.

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